La Olla cierra su segunda promoción con una idea flotante que atraviesa los trabajos realizados este año: todo cambia, nada permanece. Alrededor de la inevitable impermanencia de todo cuanto nos acontece, incluida la propia vida, los participantes en el curso han construido relatos visuales de altísimo nivel y gran profundidad, desde distintas aproximaciones y temáticas, con el nexo común de tratar de habitar y representar inquietudes, casi obsesiones, compartidas.

Lo sorprendente y hasta mágico del proceso de generar proyectos de forma conjunta, o al menos de convivir durante su gestación, es la constatación de que las ideas se fortalecen y toman forma cuando se ponen en común y se retroalimentan unas a otras. Algunos de los alumnos llegaron al curso con un concepto claro de su proyecto, que sin embargo fue evolucionando y cambiando durante el proceso. Otros apenas tenían una ligera idea de algo de lo que querían hablar. Y alguno se enfrentó por primera vez a la noción de un proyecto fotográfico como contenedor de una serie de reflexiones y necesidades que nos piden paso en un momento determinado del camino.

Todos terminaron el curso siendo otros, o más bien siendo un poco más ellos, con una visión más clara de cómo dar nombre y forma a lo que uno quiere contar. A veces esa búsqueda tiene que ver con una reflexión acerca de las creencias o las emociones que nos mueven. En otras ocasiones lo que nos pone en el camino es un cuestionamiento formal, técnico, una decisión sobre el aspecto que uno quiere que tenga lo que va a contar. En cualquier caso, la clave siempre es la misma: hacer y dejar que ocurra. Incluso, por contradictorio que parezca, el momento en que las cosas empiezan a tener más sentido es cuando nos hacemos a un lado para dejar que nuestro trabajo hable por sí mismo. Finalmente, no somos más que vehículos de algo que ya está ocurriendo dentro, nuestra labor es la de acompañar el proceso y permitirlo.

Los 13 trabajos aquí recogidos son tan necesarios como sus autores. Una familia efímera que durante unos meses se ha reunido para ayudarse a crear y dejar constancia de lo transitorio, de lo incierto y de la particular belleza en que eso se traduce.

Matías Costa, chef ejecutivo